Introducción
En el Puerto Rico contemporáneo se ha abierto un vacío de identidad y amor nacional que la iglesia cristiana, en gran medida, ha dejado sin atender. Este vacío ha sido ocupado, paradójicamente, por figuras del ámbito de la música popular, entre ellas Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny. Aunque su producción musical incluye elementos contrarios a los valores éticos y espirituales del cristianismo, no puede ignorarse que su voz ha resonado en la defensa cultural y nacional de Puerto Rico. Tal fenómeno obliga a preguntarnos: si la iglesia no se une al pueblo en la defensa de su tierra, sus recursos y su identidad, ¿tiene derecho a quejarse cuando otros ocupan ese espacio simbólico y social?
Este artículo propone que la iglesia puertorriqueña ha mostrado una carencia de amor concreto hacia la nación —un amor que trascienda la retórica litúrgica para involucrarse en luchas sociales como la defensa de playas, ríos y comunidades frente a procesos de gentrificación, desplazamiento poblacional y explotación política. En contraste, actores culturales y sociales, aun desde fuera de la fe, han asumido la defensa de la “puertorriqueñidad”, generando simpatía y legitimidad frente a la opinión pública. Para fundamentar este planteamiento, se estudiarán tres aspectos clave: (1) la experiencia histórica de Hawaiʻi como advertencia sobre los peligros de la asimilación cultural y la pérdida de soberanía; (2) la evidencia del Telegramgate en Puerto Rico, que reveló un desprecio oficial hacia los propios puertorriqueños; y (3) las implicaciones teológicas de un nacionalismo cristiano que, en su versión estadounidense, ama a su propia nación pero desestima a las demás, frente a la ausencia de un amor pastoral por la nación puertorriqueña en el contexto local.
Contexto histórico: Hawaiʻi y Puerto Rico en el horizonte imperial
La historia de Puerto Rico y Hawaiʻi se entrelaza en el marco de la expansión imperial de Estados Unidos a finales del siglo XIX. Ambas islas fueron adquiridas en 1898, Hawaiʻi mediante la Newlands Resolution y Puerto Rico como botín de la Guerra Hispano-Estadounidense (Trask 1999, 9–12; Thompson 2010, 44). Mientras que en Puerto Rico se instauró el régimen colonial bajo la Ley Foraker de 1900, en Hawaiʻi se implementaron políticas de inmigración y asentamiento que transformaron la balanza demográfica a favor de poblaciones euroamericanas. Este proceso facilitó su eventual anexión como estado en 1959, tras décadas de erosión de la cultura nativa (Silva 2004, 27–35).
El paralelismo histórico es evidente: en ambos territorios se aplicaron estrategias de control económico, desplazamiento cultural y americanización. Sin embargo, la resistencia cultural en Puerto Rico ha mantenido un sentido de identidad nacional más arraigado, pese a los intentos de asimilación (Dietz 1986, 122). Aun así, la amenaza de la gentrificación contemporánea —expresada en políticas fiscales que benefician a inversionistas extranjeros y en desplazamientos poblacionales tras desastres como el huracán María— hace eco del precedente hawaiano. No sorprende, entonces, que voces populares adviertan: “no queremos que a Puerto Rico le pase lo que le pasó a Hawaiʻi”.
El “Telegramgate” y la desafección gubernamental hacia los puertorriqueños
El escándalo del Telegramgate en 2019 reveló miles de páginas de conversaciones en un chat privado de Telegram entre el entonces gobernador Ricardo Rosselló y miembros de su gabinete. En ellas se expresaron burlas misóginas, homófobas y desprecios hacia sectores vulnerables de la población (Centro de Periodismo Investigativo 2019). Entre los mensajes filtrados aparecen expresiones que mostraban un abierto menosprecio hacia la isla, incluyendo el uso del hashtag #MeCagoEnLaIsla por asesores cercanos al gobernadorChat.
Estas expresiones, hechas mientras Puerto Rico aún se recuperaba del devastador huracán María (2017), reflejan un distanciamiento radical entre la clase política y la ciudadanía. Más aún, alimentaron la percepción de que ciertos sectores del poder soñaban con un “Puerto Rico sin puertorriqueños”, en sintonía con los procesos de desplazamiento y gentrificación ya en curso (Denis 2020). La indignación popular desembocó en las protestas masivas del verano de 2019, que culminaron con la renuncia de Rosselló, en un movimiento histórico comparable a luchas de liberación nacional (Rivera 2020).
Este contexto muestra cómo la falta de amor por la nación, incluso desde sus propios gobernantes, se convirtió en catalizador de un movimiento ciudadano. La iglesia, sin embargo, en gran medida permaneció al margen de este clamor nacional.
Marco teórico: Nacionalismo, nacionalismo cristiano y amor por la nación
Nacionalismo: definición académica
- Gellner: el nacionalismo es “un principio político que sostiene que la unidad política y la unidad nacional deben ser congruentes”.
- Anderson: la nación es una “comunidad imaginada” que existe gracias a símbolos, memoria y narrativas compartidas.
- Smith: las naciones se sostienen en mitos, memorias y símbolos que generan continuidad histórica.
En conjunto, el nacionalismo puede comprenderse como una fuerza cultural y política que busca la autodeterminación de un pueblo mediante recursos simbólicos y políticos.
Nacionalismo cristiano en Estados Unidos
El nacionalismo cristiano estadounidense ha sido definido como una ideología que fusiona la identidad nacional con la fe cristiana, atribuyendo a Estados Unidos un carácter de nación “elegida por Dios” (Whitehead y Perry 2020). El problema es que este paradigma genera exclusión hacia inmigrantes, musulmanes, minorías raciales y comunidades como la LGBTQ+. En vez de reflejar el mandato de amar a todas las naciones, confunde la misión universal del evangelio con los intereses de un Estado en particular.
El amor por la nación en la Biblia
- Israel y su misión: elegido como pueblo sacerdotal, no para gloriarse, sino para atraer a las naciones (Éxodo 19:5–6). Los profetas denunciaron la arrogancia nacionalista (Isaías 56:7). Jesús, al citar este pasaje, reafirmó que el templo debía ser “casa de oración para todas las naciones” (Marcos 11:17).
- Jesús y el prójimo: el mandamiento de amar al prójimo (Mateo 22:39) y a los enemigos (Mateo 5:44) destruye las fronteras exclusivistas.
- La misión universal: la Gran Comisión (Mateo 28:19) y la visión de Apocalipsis 7:9 muestran un evangelio dirigido a todas las naciones.
- El amor nacional legítimo: Pablo expresa dolor por sus compatriotas (Romanos 9:2–3), validando el amor por la nación propia como extensión del mandamiento del amor al prójimo.
Aplicación bíblico-teológica a Puerto Rico
El vacío de amor nacional de la iglesia puertorriqueña se revela en su escasa participación en causas de justicia social, ambiental y cultural. Mientras artistas y movimientos civiles han alzado la voz contra la gentrificación y el desplazamiento, la iglesia muchas veces ha permanecido en silencio.
Así como Martin Luther King Jr. luchó por los derechos civiles en EE. UU. desde una plataforma de fe, la iglesia en Puerto Rico está llamada a amar a su nación defendiendo sus playas, ríos y comunidades, y acompañando a los pobres frente a los intereses económicos que buscan desplazarles. Este amor no debe caer en idolatría nacionalista ni en exclusivismo, sino reflejar la misión bíblica de amar a todas las naciones, incluyendo a quienes el discurso religioso estadounidense define como enemigos.

Conclusión
La historia de Hawaiʻi y Puerto Rico, junto con las expresiones del Telegramgate, demuestran los riesgos de una política y economía que desprecian a los pueblos originarios en nombre del progreso y la modernización. Ante este escenario, artistas como Bad Bunny han ocupado un espacio cultural que la iglesia abandonó, al identificarse públicamente con la defensa de la puertorriqueñidad.
El análisis teológico revela dos vacíos de amor nacional:
- En Puerto Rico, la iglesia ha fallado en amar y defender su propia nación.
- En Estados Unidos, el nacionalismo cristiano ha caído en amar solo a su nación, excluyendo a las demás.
El evangelio de Jesucristo ofrece una alternativa: un amor que comienza con el prójimo cercano —nuestra propia nación—, pero que se extiende hasta los confines de la tierra. Amar a Puerto Rico y a todas las naciones no es un acto político partidista, sino una expresión fiel del mandamiento de Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31).
La iglesia en Puerto Rico está llamada a ocupar el lugar incómodo pero necesario de amar a su nación y a las demás con un amor activo, que defiende, restaura y edifica. Solo así podrá responder al vacío dejado en la vida pública y cultural, y recuperar una voz profética que guíe al pueblo no hacia la asimilación ni hacia el exclusivismo, sino hacia la reconciliación en Cristo, el Señor de todas las naciones.
Reflexión Teológica y Social por:
Prof. Jaime B. Galván Muñoz, MDiv.
Referencias
- Centro de Periodismo Investigativo. 2019. Transcripción del chat de Telegram de Ricardo Rosselló. San Juan: CPI.
- Denis, Nelson A. 2020. “Puerto Rico: The Perfect Storm of Colonialism and Disaster Capitalism.” Latino Rebels.
- Dietz, James L. 1986. Economic History of Puerto Rico: Institutional Change and Capitalist Development. Princeton: Princeton University Press.
- Gellner, Ernest. 1983. Nations and Nationalism. Ithaca, NY: Cornell University Press.
- Rivera, Maritza Stanchich. 2020. “Summer 2019 in Puerto Rico: Protest, Politics, and the People’s Power.” Journal of Latin American Cultural Studies 29 (4): 511–530.
- Silva, Noenoe K. 2004. Aloha Betrayed: Native Hawaiian Resistance to American Colonialism. Durham: Duke University Press.
- Smith, Anthony D. 1986. The Ethnic Origins of Nations. Oxford: Blackwell.
- Thompson, Lanny. 2010. Imperial Archipelago: Representation and Rule in the Insular Territories under U.S. Dominion after 1898. Honolulu: University of Hawai‘i Press.
- Trask, Haunani-Kay. 1999. From a Native Daughter: Colonialism and Sovereignty in Hawai‘i. Rev. ed. Honolulu: University of Hawai‘i Press.
- Whitehead, Andrew L., y Samuel L. Perry. 2020. Taking America Back for God: Christian Nationalism in the United States. New York: Oxford University Press.

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